miércoles, 14 de diciembre de 2011

Los Gnomos Existen

Pelayo era un niño que tenía una duda; él creía que existían los Gnomos, pero sus amigos, una pandilla de niños mayores, le decían que no, que eso eran tonterías que solo creían los críos pequeños; lo que ellos no sabían era que los tontos son los que, lo mismo si son pequeños que si son mayores, no saben ver las cosas bonitas que te brinda la fantasía.2
-¡Que sí, que sí!, les decía Pelayo, que yo se que habitan en los bosques.
-¡Que no, que no!, le contestaban, Mira, si quieres, una noche nos escapamos y vamos al bosque a ver si los sorprendemos.


Al fin una noche se decidieron y se escaparon de casa con todo cuidado camino del bosque, pero al salir del pueblo y en las últimas casas les salió al encuentro un enorme perro ladrando que les dio un susto tremendo; fue tal el pánico, que si en llegar hasta donde estaban habían tardado media hora, en regresar a sus casas y meterse en la cama no tardaron ni cinco minutos.


Al día siguiente al salir del colegio comentaron la aventura, pero era tal el miedo que habían pasado que no querían ni siquiera pensar en los Gnomos. Pero como todo se va pasando, así como se les borraba la impresión les iba entrando otra vez el deseo de volver a intentarlo y así otra noche emprendieron la aventura.
De nuevo esperaron a que toda la familia estuviese durmiendo para poder salir sin que los vieran, pero no habían tenido en cuenta que era una noche muy oscura y tormentosa. Ellos con la emoción no se daban cuenta de nada y solo tenían una idea fija, llegar al bosque, pero cuando ya les faltaba poco de pronto relámpago seguido de un formidable trueno y empezó a llover a raudales de tal forma que en un momento quedaron todos calados como una sopa. Otra vez a salir corriendo a casa y esta ve antes de acostarse tuvieron que extender la ropa pidiendo a Dios que se secase antes de que mamá se levantase y preguntara qué había pasado.


Los amigos de Pelayo después de tantos fracasos se habían desanimado, pero él tenía que resolver su duda, de forma que decidió que lo mejor era acudir a su abuela porque sabía que ella no lo iba a engañar, así que al día siguiente fue a buscarla y le preguntó:
-Abuela, ¿existen los Gnomos?
-Claro que existen. Le contestó su abuela sorprendida. ¿Por qué me preguntas eso?
-Porque mis amigos me dicen que no, pero yo se que tu no me vas a mentir
A lo que la abuela le contestó:
-Mira, los Gnomos sí existen, y aunque muchas veces no se puedan ver con los ojos de la cara, sí se pueden ver con los ojos de la imaginación. Son unos personajes pequeñitos, regordetes, alegres y juguetones, pero a la vez, muy tímidos; no les gusta
que los vean las personas y solo salen de noche, les encanta bailar y sobre todo haciendo corro, a la luz de la luna. Van vestidos con unos anchos calzones y unas
chaquetas de vivos colores que se ciñen con un cinturón con una grande hebilla de plata, en la cabeza llevan un gorro puntiagudo igual que los zapatos que tienen una punta muy fina y vuelta hacia arriba, las orejas también son un poco puntiagudas y lucen una gran barba blanca que les llega casi hasta los pies de la que están orgullosísimos. Viven en los troncos huecos de los viejos árboles de los bosques y en profundas cavernas en las que guardan tesoros fabulosos.


Son buenos y felices y amigos de los animalitos del bosque y se alimentas de las bayas y frutas silvestres.
También en los bosques viven las Hadas, sus compañeras y amigas, y estas son preciosas. Sus cuerpos son pequeñitos y delgados y algunas tienen unas alas como las de las libélulas y otras como las de las mariposas y son tan finas y transparentes como
si estuviesen tejidas con hilos de luna y gotas de rocío y al volar producen un susurro como el silbo de la brisa entre los juncos. Sus vestidos están hechos con pétalos de azucenas y de rosas, sus piés van descalzos y sus cabellos son como rayos de sol

rodeando sus caritas que parecen perlas color de rosa.


Lo que más les gusta es salir al bosque a bailar en las noches de Luna Llena, pero no todo el mundo tiene la suerte de poderlas ver, esto solo lo consiguen los que tienen fe, imaginación y fantasía y un corazón puro. Si tú consigues esas cuatro cosas las podrás ver, lo mismo ahora que cuando llegues a viejo, pero tienes que tener mucho cuidado de no perderlas porque eso es tu mayor tesoro y si tú no te dejas nadie te lo podrá
robar y con él podrás disfrutar de todos los momentos felices que quieras.


Cuando seas mayor entenderás todo esto mejor que ahora.
Con esta explicación de su abuela, Pelayo se marchó a casa seguro y feliz. Ya no le importaría más lo que le dijeran sus amigos.




(Dedicado a mi nieto Carlos Millán Escolano)

1 comentario:

Datos personales