viernes, 23 de diciembre de 2011

¡AQUELLOS VIAJES 4…..!

Otro día memorable fue uno a finales de los años cincuenta, en el mes de junio cuando íbamos a pasar el verano al campo, como siempre en el “Costa Azul”.

Nuestros viajes más frecuentes eran a la playa de Lo Pagan en verano para lo cual hacíamos el recorrido completo con todas sus consecuencias o a la finca del campo a 40 kilómetros de Murcia, y entonces nos bajamos del coche poco después de pasar el pueblo de Sucina en un punto de la carretera del que partía un camino hasta nuestra casa; como esta dictaba otros  kilómetros, cuando íbamos toda la familia con equipaje salía a esperarnos algún labrador con un carro, si solo iba lagunas persona mayores venia la tartana, peor cuando los que llegaban era gente joven, entonces como la faena de la trilla no se podía dejar había que emplear “EL COCHE DE SAN FERNANDO, UNOS RATOS A PIES Y OTROS ANDANDO”

En esta ocasión, como íbamos para pasar los tres meses de verano la familia entera llevábamos un montón de bultos, maletas y por si era poco una caja con dos pollitos que les habían regalado a mis hijos.

Cuándo habíamos recorrido los primeros 18 o 20 kilómetros que era lo que normalmente aguantaba el coche hasta pararse la primera vez, justo cuando se deja atrás La Vega del Segura, la ultima estribación de la Sierra de Columbrares y se entra en el terreno árido justo allí, en este tramo que parecía que era el preferido por el coche para romperse siempre la primera vez, pues eso se rompió, pero esta vez la avería fue as grave, puesto que se quebró un “palier” y eso si que se podía arreglar allí.
Como la cosa no tenía solución tuvimos que bajarnos todos los viajeros descargar los equipajes, armando de paciencia y esperar, puesto que no teníamos ni idea de lo que tardaríamos en poder continuar nuestro camino.

Manolo el ayudante de Enrique el conductor monto en su bicicleta que llevaba en previsión en estos casos y volvió a Murcia, a comunicar a la empresa que había pasado y pedir ayuda, y la solución que le dieron fue que tenía que esperar a que llegas ele coche, que hacia el servicio con Santomera “que solo dicta de Murcia 13 kilómetros” y tenía su llegada a las 9 e la tarde-noche y en ese venir a rescatarnos.

Mientras todo esto ocurría tuvimos tiempo de merendar, abrir una maleta para sacar laguna prenda de abrigo puesto que la tarde había refrescado y que los “peques” secasen a los pollos de la caja y corretear detrás de ellos.

Por fin, ya anochecido llego Manolo en el coche de auxilio y pudimos  volver a cargar los trastos en él  y continuar la ruta hasta llegar al cruce de caminos donde de costumbre nos estaba esperando Juanico el labrador impasible, con esa paciencia y filosofía propia de la gente del campo; él pensaba ¡ya llegara!

En efecto llegamos y otra vez vuelta  a cambiar el equipaje del coche al carro que al decir verdad era mucho más seguro y no mucho mas incomodo que los coches de aquellas fechas, y ya en el terminamos los 4 kilómetros que nos faltaban ara llegar a casa.
Cuando terminábamos un viaje de esto y pisábamos “tierra firme” nos faltaba poco para caer de rodillas y besar el suelo como hicieran en su día los antiguos descubridores.

¡ERAN LAS DOCE DE LA NOCHE Y HABÍAMOS SALIDO A LAS CUATRO DE LA TARDE!

Abuela Carola
Diciembre de 2011

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